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Es muy común que la gente escuche la palabra “grasa” y tenga una idea negativa de ellas. Se piensa que su consumo es dañino para la salud y que mantenerse alejada de las mismas es la clave para una salud óptima, y están muy equivocados.

Las grasas deben ser consumidas con precaución como cualquier otro grupo alimenticio, pero existen aquellas grasas de las cuales debes alejarte y existen las grasas que SÍ deberías estar consumiendo a diario. Para acabar de una vez por todas con este mito, vamos a hablar de las grasas “buenas” y de las “malas” y como identificarlas para agregar las correctas a tu dieta. 

Las grasas “buenas”

Las grasas “buenas” son las insaturadas, tanto poliinsaturadas como monoinsaturadas, y los ácidos Omega 3. Este tipo de grasas benéficas en realidad son un escudo protector ante enfermedades coronarias y otro tipo de cardiopatías, porque disminuyen los niveles de colesterol “malo” sin reducir el “bueno”. Puedes distinguir las grasas buenas porque a temperatura ambiente se encuentran en estado líquido (a excepción de algunos Omega 3 que son de origen marino). Las grasas buenas deben ser consumidas con mayor frecuencia que las malas, inclusive si es posible reemplazarlas por completo. Sin embargo aún debes tener cuidado con la cantidad que consumes pues siguen siendo altas en calorías y pudieran elevar los triglicéridos si se ingieren en exceso. 

Las grasas “malas”

Las grasas “malas” o perjudiciales son las grasas saturadas, grasas trans y las grasas hidrogenadas. Las grasas “malas” incrementan la producción de colesterol en el organismo, así como provocan coágulos en los vasos sanguíneos, lo cual supone una obvia amenaza al corazón (ataques cardiacos) y al cerebro (accidentes cerebro vasculares). Las grasas dañinas aumentan el riesgo de cardiopatías coronarias, y son un evidente factor en la formación de otras condiciones de salud como el exceso de grasa visceral, la diabetes y la hipertensión arterial. Contrario a las grasas “buenas”, este tipo de grasas se encuentra a temperatura ambiente en estado sólido. Consumir este tipo de grasas en exceso puede aumentar tu colesterol y tus triglicéridos.

Cómo mejorar tu dieta respecto a las grasas

Ya sabemos cómo benefician y afectan ambos tipos de grasas al cuerpo, pero ¿cómo identificar las grasas que sí deberías consumir? 

Las grasas “buenas” las puedes encontrar en aceites vegetales como el aceite de oliva, de canola, de girasol, de soya; en todo tipo de nueces como maní o sésamo, en aguacate y en productos de origen marino como son el salmón, el atún, la sardina y el arenque. Lo ideal es que las grasas buenas aporten el 15% de tu ingesta diaria de energía. 

Las grasa “malas”, por su parte, provienen en gran medida de origen animal. Carnes, manteca, queso, crema, piel de pollo y el aceite de coco son algunos alimentos con altas cantidades de grasa dañina. También es importante evitar las famosas grasas trans, escondidas en los alimentos procesados (comida chatarra o comida rápida), las barras de margarina, etc. Como es de imaginar, no se recomienda que más del 10% de tu ingesta diaria provenga de este tipo de grasas.

El Centro de Educación de Diabetes de la Universidad de San Francisco no podría resumirlo mejor: “las grasas buenas ayudan a proteger el cuerpo contra las enfermedades del corazón, mientras que las grasas malas plantean una verdadera amenaza al sistema del corazón y vasos sanguíneos”. Ahora que lo sabes, es momento de reemplazar las grasas “malas” en tu vida por las “buenas” 

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Fuentes: 

https://www.gaes.es/gaestecuida/noticias/detalle/conoces-diferencia-entre-grasas-buenas-y-grasas-malas

https://dtc.ucsf.edu/es/la-vida-con-diabetes/dieta-y-nutricion/comprension-de-las-grasas-y-aceites/grasas-buenas-grasas-malas/


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